Mi primer punta tacón: Intervención.(parte final)

En primer lugar, escribo estas lineas en tono de humor. Nada de lo que cuente aquí es con ganas de recriminar o de burla. Es la narración de una experiencia y del aprendizaje que saqué de la misma.
Por fin llegó el gran día, yo tenía mi proyecto terminado. Iba con grandes expectativas, bastantes nervios; pero con una ilusión que no me cabía en el pecho.
La primera lección del día no tardaría en llegar: Jamás se puede controlar todo. Se puede estar seguro de ti mismo, se puede planear y escribir todo un proyecto. Pero en la práctica, no se puede controlar. Existen factores diversos que pueden hacer que se vaya todo al garete.
De entrada, el cuento que había escrito y que tanto había trabajado, no estaba en papel. Pues el encargado de fotocopiarlo, estaba ocupado intentando arreglar otros asuntos del evento. Así, que tuve que moverme lo más rápido posible para encontrar dinero y sacar el cuento ya que sin eso nada tenía sentido.

  • Segunda lección: mantener la calma.

Llegamos a la plaza del adelantado y no había montado sino solo el escenario de las actuaciones musicales, no había un lugar aislado del ruido (Nos dijeron que habrían carpas para realizar los talleres) y la pregunta era: ¿Cómo podía hacer un taller musical que incluía narración, música, y baile, si tenía a menos de quince metros una escenario con no se cuantos vatios de sonido?
Mis nervios empezaron a emerger.

  • Tercera lección: confía en los que te rodean.
Resolvimos como pudimos el dónde colocarnos y cómo hacer el taller. A sí, se me olvidaba: ¡no había gente! ni asociaciones juveniles, ni transeúntes, ni participantes. ¡Cero!.
Yo ahí estaba apunto de ponerme a llorar, pero de repente pensé: calma busca una solución.
Voluntarios (A la izquierda, Marta una de mis auxiliares)
Mientras todos me preguntaban que debían hacer. Claro yo era el responsable de ese trozo del evento, cumplía un papel fundamental en el momento del apagón ¿Qué podía hacer?. Entonces, mi cerebro empezó a trabajar a ritmo forzado para buscar una solución. Pedí a una de las chicas que era mi auxiliar y le dije: Tu trabajo es captar gente. Muévete, vende motos a diestra y siniestra. Pero trae gente.
La chica que bailaba break-dance subió los altavoces a todo volumen y empezó a bailar para llamar la atención de la poquita gente que pasaba por ahí. La otra amiga que me ayudaba se quedó a mi lado por lo que pudiera necesitar y por si llegaban niños. Por otro lado los responsables del evento estuvieron muy pendiente de ayudarme, toda esta gente me dio bastante fuerza para coger las riendas de la situación.
  • Cuarta lección: Cuando estás en lo más bajo, solo te queda ir hacia arriba.
Había que darle margen y tiempo para que todo se asentara, solo quedaba esperar que viniera gente. Para mí fue como un baño en la playa el día más caluroso de verano, cuando por fin empezaron a llegar las voluntarias con algunos niños de distintas edades. Sin esperar, y haciendo gala de mis dotes de orador mi "palique" como dirían algunos, los convencí para que se sentaran, por fin pude empezar con el taller. Fue precioso, mi primera clase, mi primera actividad pedagógica. Yo era el más niño de los que estaban ahí sentados.
Taller: El Tesoro de isla planeta. 
Entonces, estaba ya en lo más alto. Cuando se formó el diluvio. Y digo diluvio literalmente, pues empezó a llover como si no hubiera mañana. Momentáneamente se suspendió todo: actuaciones, talleres. Los asistentes marcharon, algunos se refugiaron donde podían, y es que contra el clima ya si que no se puede luchar, o si.
Yo no me quería marchar de ese lugar, aunque ya las esperanzas de todos por seguir adelante se habían desvanecido.
La veintena de voluntarios se refugiaron bajo un toldo que ellos mismos había traído. Era muy triste ver que la ilusión de todos por formar parte en algo tan importante se había desvanecido. Y pensé: Esto no acabado, aun no.
  • Cuarta lección: Si te lo propones de verdad, lo consigues de verdad. Puedes parar la lluvia.
Paramos la lluvia
Todavía quedaba hacer el taller en el escenario, todavía faltaba el apagón, quedaban actuaciones... Pero en el ambiente solo había caras largas y mucha agua. Ahí recordé el concepto de motivación, y obligué a toda esa gente que estaba protegiéndose de la lluvia y la saqué de ahí. Les dije palabras para motivarlos , como si yo fuera el líder, como si mi vida dependiera de ello. Quería revertir esa situación, y nos tomamos una foto bajo la lluvia para recordar siempre ese momento y esa lección: podemos parar la lluvia.
Por fin, el milagro sucedió el tiempo nos dejó tranquilos y el evento pudo seguir su curso, con menos gente, pero con gran alegría en nuestros corazones, o eso me pareció a mi.
  • Moraleja
Da igual el proyecto que te encarguen, intentar hacerlo lo mejor posible. Si todo falla y nada es como lo que has planeado en el papel, coge el papel, quédate con lo importante, y tíralo. Hay que tener claro cuales son los objetivos del proyecto y si no se cumplen los requisitos, improvisa. Ten la mente fresca, sé ágil. Yo hacía esto gratis y si salía mal pues era una faena, pero nada tan trascendental,ese es justo el pensamiento que no hay que tener. Hay que intentarlo hasta que ya la balanza se rompa. Hay que trabajar en todo, hasta en el voluntariado, cómo si cobraras, cómo si algo muy importante dependiera del éxito. Si aun así no lo consigues, la experiencia ya es un sueldo fantástico.
A todo esto hay que sumar una buena base, hay que conocer muy bien el tema que te solicitan. Es decir, no basta con ponerte a esbozar un proyecto y plantearse objetivos como si fuera un trabajo de clase. No, eso no es suficiente. En mi caso, la música rap y la escritura ha sido una de mis grandes pasiones desde hace más de diez años. Por eso, fui capaz de mezclar los conocimientos que tengo sobre educación con algo de la cultura hip hop. Sin conocer ambas partes, y conocerlas bien, no se puede improvisar de manera exitosa cuando todo te falla. 

 A nivel pedagógico supongo que muchas cosas no fueron del todo correctas. No obstante, yo creo que pude impartir mi mensaje y cumplir los objetivos. Incluso creo que las circunstancias hicieron que calaran, incluso más que si se hubiera desarrollado literalmente como estaba previsto. No se, esta es mi primera experiencia como pedagogo y lo cierto es que hoy pienso que es el mejor comienzo que jamás imaginé.



Aquí les dejo el enlace para quien quiera leer el cuento:

Sentir la educación

Haciendo un poco de introspección, repasando en mi memoria y reflexionando sobre procesos educativos hallé una idea que me pareció interesante compartir.
En general, solemos estar un tercio de nuestra vida escolarizados. Yo que fui repetidor desde siempre, algunos más. Eso puede ser un retraso a nivel académico, pero a nivel intelectual puede nutrir. Me explico, el hecho de no haber superado con "normalidad" cada nivel del sistema educativo (no entraremos en las causas) me ha dado una especie de "super-poder", y es que soy capaz de sentir la educación.
Este "super-poder" no es más que el cúmulo de mis experiencias dentro y fuera de lo educativo. Conceptos teóricos aplicados y ejemplificados en mí, hacen que me de cuenta de cuando mi mente sufre trasformaciones causadas por la formación. A eso me refiero.
Por ejemplo, en primero de carrera mi campo visual en cuanto conocimiento, era bastante reducido. Y de repente empezaron a llenarme de cosas como educación formal y no formal, de nombres de hombres y mujeres que tuvieron grandes enfoques como Rousseau o Motessori, Críticas como las de Freire; También otros conceptos como antonimia jurídica, o cosas que me resultaron curiosas como aquella  estructura estructurante de Bordieu, que tanto me costó entender. Y no solo teoría, sino también, otras cosas como la responsabilidad inadvertida de un delegado de clase o los pequeños conflictos que surgen entre compañeros.
Pues bien, mientras mi mente se iba llenando de todas estas cosas y de muchas otras, sentí en mí un gran poder, el poder de ampliar mis horizontes y no solo ampliarlos, sino doblegarlos ante mis capacidades, que sean buenas o malas ahora mismo considero que (por lo menos) son totalmente libres. Todo esto (parece que no) pero se siente en el cuerpo, recuerdo grandes presiones en la cabeza y malestar. No entender que me estaba pasando, pero ahora que tengo un poquito más de experiencia lo entiendo todo. Era la mismísima educación. Una vez entendí lo que pasaba ya no tuve miedo a aprender.
Me gusta retar a mi mente y utilizar ese poder que me ha sido otorgado. Desde ahí, todo es "visión de rayos X", todo lo que observo lo miro como un pedagogo. Me fijo, y bastante, en cada clase que recibo. Analizo el método de cada profesor (que no quiere decir que lo entienda todo): cómo se expresan, cómo se mueven y cómo afrontan cada día. Para mí, estar en clases es lo más parecido a hacer una práctica, pues me doy cuenta que todo lo que recibo forma parte a la vez de lo que voy a tener que entregar.
Cuando hablo con algunos de mis compañeros, me doy cuenta que a pesar de saber exactamente lo mismo y haber estado el mismo tiempo que yo en el mismo lugar, no tienen en cuenta esto que narro. No quiere decir que no lo sientan, sino que pasa más inadvertido, como que se le queda ahí, sin más. No creen que tengan un poder enorme en sus manos, no piensan en él solo lo aceptan y pasan a otra cosa. Están más preocupados por otros asuntos como: cuál será el próximo título en conseguir, o no yéndonos tan lejos; cuando hay que entregar el próximo trabajo. Y no quiere decir que yo no lo haga, que sí. Me refiero a que, quizá por haber llegado más tarde digamos  con algo más de madurez. Soy capaz de entender las trasformaciones que sufro, creo ser capaz de sentir cuando estoy siendo formado y ser capaz de valorar lo que interiorizo.
Entonces, se me plantea la duda de que quizá muchas personas decepcionadas con la carrera que han elegido, ¿Podrían a ver estado mejor si hubieran llegado con más edad a la universidad?,cuándo fueran capaces de unir grandes planos de experiencia de vida con experiencia formativa. Siendo claro, creo que llegamos muy niños a la universidad como para poder entender lo que nos ofrece, como para poder acoger ese "super-poder" y fijarnos en los detalles que hacen bonita la profesión que hemos elegido.