Haciendo un poco de introspección, repasando en mi memoria y reflexionando sobre procesos educativos hallé una idea que me pareció interesante compartir.
En general, solemos estar un tercio de nuestra vida escolarizados. Yo que fui repetidor desde siempre, algunos más. Eso puede ser un retraso a nivel académico, pero a nivel intelectual puede nutrir. Me explico, el hecho de no haber superado con "normalidad" cada nivel del sistema educativo (no entraremos en las causas) me ha dado una especie de "super-poder", y es que soy capaz de sentir la educación.
Este "super-poder" no es más que el cúmulo de mis experiencias dentro y fuera de lo educativo. Conceptos teóricos aplicados y ejemplificados en mí, hacen que me de cuenta de cuando mi mente sufre trasformaciones causadas por la formación. A eso me refiero.
Por ejemplo, en primero de carrera mi campo visual en cuanto conocimiento, era bastante reducido. Y de repente empezaron a llenarme de cosas como educación formal y no formal, de nombres de hombres y mujeres que tuvieron grandes enfoques como Rousseau o Motessori, Críticas como las de Freire; También otros conceptos como antonimia jurídica, o cosas que me resultaron curiosas como aquella estructura estructurante de Bordieu, que tanto me costó entender. Y no solo teoría, sino también, otras cosas como la responsabilidad inadvertida de un delegado de clase o los pequeños conflictos que surgen entre compañeros.
Pues bien, mientras mi mente se iba llenando de todas estas cosas y de muchas otras, sentí en mí un gran poder, el poder de ampliar mis horizontes y no solo ampliarlos, sino doblegarlos ante mis capacidades, que sean buenas o malas ahora mismo considero que (por lo menos) son totalmente libres. Todo esto (parece que no) pero se siente en el cuerpo, recuerdo grandes presiones en la cabeza y malestar. No entender que me estaba pasando, pero ahora que tengo un poquito más de experiencia lo entiendo todo. Era la mismísima educación. Una vez entendí lo que pasaba ya no tuve miedo a aprender.
Me gusta retar a mi mente y utilizar ese poder que me ha sido otorgado. Desde ahí, todo es "visión de rayos X", todo lo que observo lo miro como un pedagogo. Me fijo, y bastante, en cada clase que recibo. Analizo el método de cada profesor (que no quiere decir que lo entienda todo): cómo se expresan, cómo se mueven y cómo afrontan cada día. Para mí, estar en clases es lo más parecido a hacer una práctica, pues me doy cuenta que todo lo que recibo forma parte a la vez de lo que voy a tener que entregar.
Cuando hablo con algunos de mis compañeros, me doy cuenta que a pesar de saber exactamente lo mismo y haber estado el mismo tiempo que yo en el mismo lugar, no tienen en cuenta esto que narro. No quiere decir que no lo sientan, sino que pasa más inadvertido, como que se le queda ahí, sin más. No creen que tengan un poder enorme en sus manos, no piensan en él solo lo aceptan y pasan a otra cosa. Están más preocupados por otros asuntos como: cuál será el próximo título en conseguir, o no yéndonos tan lejos; cuando hay que entregar el próximo trabajo. Y no quiere decir que yo no lo haga, que sí. Me refiero a que, quizá por haber llegado más tarde digamos con algo más de madurez. Soy capaz de entender las trasformaciones que sufro, creo ser capaz de sentir cuando estoy siendo formado y ser capaz de valorar lo que interiorizo.
Entonces, se me plantea la duda de que quizá muchas personas decepcionadas con la carrera que han elegido, ¿Podrían a ver estado mejor si hubieran llegado con más edad a la universidad?,cuándo fueran capaces de unir grandes planos de experiencia de vida con experiencia formativa. Siendo claro, creo que llegamos muy niños a la universidad como para poder entender lo que nos ofrece, como para poder acoger ese "super-poder" y fijarnos en los detalles que hacen bonita la profesión que hemos elegido.